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Cobra Kai: Como *no* arruinar una franquicia

Aggiornamento: 21 gen 2021



Crecemos, y como buenos humanos usamos nuestro poder para recrear el mundo de nuestra infancia. Ahora le tocó el turno a Karate Kid, la icónica película de 1984 que le enseñó a millones de niños al rededor del mundo que si querían ganar contra sus matones, lo único que tenían que hacer era convertirse en superestrellas de las artes marciales.


Cobra Kai comienza treinta años después del final de la primera película, pero esta vez nuestro punto de vista es Johnny Lawrence, el matón de la preparatoria y el villano de la película original. No nos encontramos, sin embargo, un villano bi-dimensional y fácil de odiar; sino un hombre que vive en constante lucha contra sí mismo, y contra el mundo.


Johnny aprendió de John Kreese, sus sensei de karate, que la mejor defensa es una ofensa fuerte, y es así como interactúa con los demás. Los sentimientos son para los débiles. Los hombres son fuertes, o no son nada. Es así como Johnny va por la vida; siempre con un fondo de agresividad y desconfianza que le impiden acercarse a los demás en cualquier modo significativo. El resultado es que a sus 40 y tantos, está solo, es miserable, y no ha podido entender por qué.


Todo cambia cuando conoce a Miguel Díaz, un niño de doce años, inmigrante, matoneado y en general, exactamente el tipo de persona a quien Johnny hubiese hecho la vida imposible en la preparatoria. Esta vez, sin embargo, algo es diferente. Johnny ya no es el matón poderoso de la escuela, ya no es el prodigio del karate que fue en el pasado; y cuando ve a Miguel recuerda lo que se sentía ser maltratado sin razón de ser por una persona más grande y poderosa: su padrastro, Sid. Es así como decide ayudar a Miguel, refundar Cobra Kai, y traer de vuelta a la vida la gloria de tiempos pasados.


¿Simple? Sí. ¿Original? Debatible. ¿Efectivo? En este caso, sí.


Cobra Kai me enganchó desde el minuto uno del episodio uno. Johnny es un personaje principal intrigante. Vivimos en un mundo en el cual la toxicidad de la hiper masculinidad está siendo retada (por fortuna decirle a un niño una estupidez como 'los niños no lloran' es cada día menos común), pero los hombres de décadas pasadas parecían tener solo dos opciones: O eras un ganador, o eras un perdedor. O eras fuerte, o eras débil.


Esta dicotomía nace de la idea de que un hombre que muestra cualquier tipo de característica tradicionalmente femenina - así sea algo tan inherente a la condición humana como el simple hecho de tener sentimientos, merece una descalificación inmediata de la categoría 'hombre'. ¿Qué es un hombre si no es fuerte? ¿Qué es un hombre que permite el más mínimo atisbo de emocionalidad? Una mujer; y ¿acaso hay algo peor para un hombre que ser comparado con una mujer?


Cobra Kai nos muestra a través de sus personajes como la violencia y la ira son productos del abuso. Aquel que ha sido abusado, aprende a abusar. Pero ojo. No es una excusa. Es necesario superar el trauma. Es vital evolucionar. Porque a pesar de que la serie nos muestra el pasado doloroso de aquellos que matonean sin razón; dicho pasado no los redime automáticamente.


Por otro lado, no son solo los 'villanos' quienes cambian y evolucionan con esta nueva versión. A veces, en la vida real, hace falta fuego. Hace falta "atacar" primero. Muchas veces confundimos la paz con la inacción, pero es todo lo contrario. Hace falta actuar, moverse, para poder efectuar un cambio en nosotros, en el mundo.


Esto no quiere decir aplastar o pasar por encima de los demás; esa es una perversión de la filosofía de la acción, personificada en el personaje de John Kreese. Lo que Daniel y Johnny entienden a través de la serie, es que ambos han puesto toda su fe en la sabiduría de alguien mayor, y que esa "sabiduría" se queda corta en un mundo en el cual el gris, no el blanco y negro, es la regla. Obviamente el mundo no fue nunca blanco y negro, pero la misma existencia de una serie como Cobra Kai nos hace entender que a la gente ya no le interesa ver a malos contra buenos moliéndose a golpes... le interesa ver a personas complejas con historias interesantes moliéndose a golpes.


A pesar del cuidado con el que están desarrollando el arco de los personajes la serie se puede sentir un poco 'acelerada' por momentos, sobre todo hacia los episodios finales. Entiendo que es un show de artes marciales y que todos queremos ver las peleas, pero la razón para empezar una mini-guerra tiene que ser más fuerte que 'ella se dio besos con mi novio' o, en el caso de la pelea en el último episodio de la temporada tres... porque sí.


Otro punto débil de la serie son los triángulos amorosos: Me tienen verde, nunca me han gustado, son aburridos e incómodos. Es una forma barata de crear tensión, y francamente me parece que la serie no lo necesita.


Mi última crítica a la serie no es particular a Cobra Kai, sino a todas las series y películas con personajes adolescentes. Una persona de 22 o 24 años no tiene el cuerpo de una persona de 15 o 16, y sin embargo la regla en el mundo del entretenimiento parece ser contratar actores al menos 6 o 7 años mayores que sus personajes-¿Luego nos preguntamos por qué los adolescentes desarrollan problemas de imagen corporal? Los niños de colegio por lo general no tienen six packs perfectos y la piel radiante de un actor que va al gimnasio cinco veces por semana.


Me parece triste, además, que hayan reemplazado para todos efectos prácticos a Aisha con Tory. Aisha era un personaje atípico, empezando por su cuerpo: No era flaca, blanca y convencionalmente atractiva, y eso era precisamente lo que la hacía interesante. Como alguien que de adolescente era poco atractiva e insegura, me hubiese encantado ver como Aisha continuaba creciendo y encontrando su fuerza fuera del ámbito romántico/sexual, que es, lamentablemente, el único ámbito donde los personajes femeninos suelen encontrar cualquier tipo de empoderamiento. Podría, es más, espero estar equivocada, pero sospecho que los escritores de la serie decidieron mandarla a otra escuela al final de la temporada dos porque no sabían que hacer con un personaje femenino a quien no podían embutir en un triángulo amoroso.


El mundo está cambiando, y me gusta ver una serie que parece escuchar, hasta cierto punto, lo que sucede afuera en lugar de aislarse en la comodidad de la fantasía nostálgica. Cobra Kai tiene sus fallas, si, por momentos puede sentirse demasiado americana, con esa propensión a los grandes momentos exagerados donde todo sucede en dos segundos en lugar de seguir a los personajes de manera orgánica, dejando que sus expresiones más sutiles lleven adelante a la historia.


Los momentos sutiles, sin embargo, no faltan, y cuando los logra... los logra muy bien.














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