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Detrás de la Puerta

Aggiornamento: 8 gen 2021




Era una curiosa sensación, caminar sin saber donde iba a caer el próximo paso. No enteramente desagradable, pero hubiese querido poder conjurar un glolux.

Shakrath Ma’at hizo que el ejército de Eldarach dejara el campo de batalla sin derramar una sola gota de sangre, solo con su voz. Dicen que después de la no-batalla, Ma’at se manifestó en los cuartos del Generalísimo del ejército eldrachiano. En el comunicado del se dijo que el generalísimo estaba siguiendo la tradición de suicidarse después de haber sido derrotado en el campo de batalla, pero en Raznak se murmuraba que el General no había actuado bajo su propia voluntad cuando se había apuñalado con su espada.

Shakrath misma, no decía nada. Como casi todos los seres conectados con la magia alta, nunca respondía directamente a una pregunta.

El corazón me latía en la garganta. Mis manos sudaban. Un involuntario suspiro de alivio se escapó de mis labios y su eco resonó contra las paredes desnudas. Me puse las manos sobre la boca. La malla de carne conjurada por Solarium había desaparecido.


Sin perder tiempo, recité el hechizo para crear un glolux.

Sit khabs transferendum est manus mea, ut in lumine guide Kha


Cuatro columnas de piedra se alzaban majestuosas en cada esquina. A mis espaldas, cerrada, estaba la Puerta del Rech Malkor. Cientos de miles de manos, cabezas y ojos desesperados que me miraban desde el limbo.


El globo de luz fulguró resplandeciente unos centímetros sobre mi palma abierta. En el centro de la caverna se levantaba un altar. Parecía construido de la misma piedra de los suelos y las paredes.


Me acerqué, el glolux flotando a mi lado. Tres objetos se perfilaron claros sobre la piedra.


El primero era una llave. El segundo era una cuerda. El tercero, una daga.


Cerré los ojos para sentir la energía que corría dentro de mis venas, concentrando toda mi atención en el centro de mi frente, e invocando los poderes de Zerida, la diosa del alba. Todos los magos, aún aquellos de primer nivel como yo, conocen esa sensación, ese clik cuando las energías exteriores e interiores se unen y se canalizan a través del cuerpo. Cuando volví a abrir los ojos un halo de luz ondulaba al rededor de cada objeto.


  • Por Zerida… - susurré para mi misma.


La daga parecía vibrar. La toqué primero con la punta del pulgar. Emitía pulsos de luz azul, podía sentir la energía casi corpórea que de ella emanaba; ruach puro: Una daga hechizada. La levanté con la mano izquierda. Moví el brazo. La daga se sentía como una extensión de mi mano, parte de mi como lo eran mis dedos.


La energía fluía sin detenerse en un ir y venir constante que se generaba más de sí mismo cuanto más se movía. No pude reprimir una ligera sonrisa. Armada me sentía mucho más valiente. Respiré absorbiendo la luz, toda la fuerza creada de la combinación entre daga y maga, y me sentí poderosa. Podía ver mis propias reservas de energía fluyendo hacia mis manos. La idea de enfrentar el laberinto ya no me asustaba tanto.


La Academia no había sido que me esperaba. Siendo nativa de Reznak, había crecido bajo su sombra y sin embargo la escuela de magia era un misterio para todos aquellos que vivíamos fuera de sus muros. Nadie sabía como funcionaba el proceso de selección y admisión. Se sabía solo que cuando el segundo sol completaba su tercera vuelta, en el último tiempo antes de Reévere, la estación de la regeneración de la vida, una tormenta azotaba a la Academia, y se veían salir de ella como sombras aladas figuras que desaparecían entre las estrellas. Al alba, la luz de los tres soles iluminaría Reznak, el mar estaría en calma y, en todos los rincones del universo las personas se levantarían para ver si tenían una marca en la frente.


Una Runa sobre la piel era una invitación para estudiar en la Academia de las Artes Sutiles.


Estaban aquellos que nacían con una afinidad natural hacia la corriente sutil. Los Magos Naturales. Solían ser reclutados alrededor de los trece años de edad. Por otro lado, estaban aquellos que eran reclutados como adultos, después de años de haber estudiado individualmente. Los Magos Sintéticos. Yo pertenecía al segundo grupo. Llevaba más de la mitad de mi vida estudiando por mi propia cuenta, y era capaz de algunos hechizos básicos, aunque mucho de mi arte se basaba en los engaños y la ilusión. ¿Qué puedo decir? En un pueblo pequeño se puede hacer mucho dinero vendiendo "pociones de amor".

Manipular la energía sutil de las cosas es mi única ambición. Ser un mago real, no un simple conjurador de ilusiones.


La piedra bajo mis pies tembló profundamente. Una grieta se abrió en el techo, guijarros llovieron sobre mi cabeza.


Una parte de mi cerebro sugirió que se trataba de una ilusión, pero la parte más práctica resolvió no tomar el riesgo.


La escalera en caracol que se veía desde afuera estaba iluminada por antorchas de fuego perenne agachadas a los muros. Recargué el glolux y comencé a subir los escalones.





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