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Huesos en el Estómago








-Se le calcificó todo por dentro,-dijo María Camila. Estaban en el recreo largo, en el parque cerca al auditorio. El sol picaba y el cielo estaba despejado. Eran las 2:14 del 6 de mayo, 1998.-La tuvieron que abrir, -continuó- Porque todo el popó se había vuelto duro, adentro.


-Pero, ¿como así? No entiendo -Respondió Mariana distraídamente mientras seguía con los ojos el vuelo de un cucarrón.


-Pues así. Ella no iba nunca al baño, decía siempre que las mujeres no hacen popó.


Mariana pondera esto por algunos segundos.


-Estoy casi segura que las mujeres si hacen popó. Una vez estaba jugando a las escondidas con mis primos, y me escondí en la tina del baño, y mi abuela entró toda apurada y le puso seguro a la puerta y créeme, definitivamente hizo popó. Es más, yo creo que tenía diarrea.


María Camila torció la cara en una mueca de disgusto.


-! Que asco! ¡¿Por qué hiciste eso?! ¡Qué porquería!


Mariana la mira genuinamente confundida.


-¿Asco? ¿Pero por qué?


-Te pusiste a mirar a tu abuela que hacía popó.


Mariana siente el calor que se le sube a las mejillas, las manos se le cierran en puñitos apretados.


-¡No, no! Yo no la quería ver, no es que yo me pusiera a verla, es que me estaba escondiendo y después ella...


-¡A MARIANA LE GUSTA VER A LA GENTE HACER POPÓ!


A pocos metros de las dos niñas pequeñas un grupo de 'niñas grandes' tomaba el sol. Una de ellas, la del pelo liso y brillante la miró con la esquina izquierda del labio alzada y el ceño fruncido.


-Esa niña chiquita es un asco,-le dice a sus amigas.-Es la que te conté se subió al bus el otro día con los bolsillos llenos de cucarrones.


Mariana sintió la cara caliente y unas ganas tremendas de volverse invisible.


Se acordó, de repente, de un episodio de The X Files que había visto a escondidas cuando sus papás ya se habían dormido. Era la historia de una mujer a la que le empezaba a crecer un segundo esqueleto dentro del estómago. Los huesos afilados le perforaban la piel y ella gritaba de angustia mientras el demonio/alien que la había maldecido se reía.


Espero que a la mamá de Cami no le duela tanto, pensó Mariana.


Una lluvia ligera comenzó a caer, y las niñas grandes desaparecieron corriendo dentro del auditorio, las manos sobre sus lisos cabellos.


Mariana se quedó unos segundos más bajo la llovizna, pensando en que era bueno que lloviera. Si no, las cosas corrían el riesgo de calcificarse.









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