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Las Escalofriantes Aventuras de Sabrina: Una opinión mesurada.








A pesar del poderoso factor nostalgia, la cuarta temporada de Las Escalofriantes Aventuras de Sabrina me dejó ambivalente.


Ambivalente es la palabra clave aquí, porque así como por momentos me llena de frustración, Sabrina es también un show visualmente fascinante, que me atrae inexorablemente con sets llenos de detalles y colores oscuros, pero vibrantes que crean un ambiente ligeramente perturbador y al mismo tiempo infantil; una mezcla entre Charlie y la fábrica de chocolate y Evil Dead: Dulce, pero sangriento, violento, pero cómico. La nueva Sabrina es camp, esa estética que va hacia lo absurdo, hacia lo exagerado, sin perder ligereza.

El diálogo, sin embargo, puede ser pesado y artificial, rebosante de exposición: En Sabrina todo lo que sucede se explica en lugar de dejar que las acciones de los personajes hablen por sí mismas (show, don't tell- la primera regla de la escritura para el medio visual). Las actuaciones bordean en lo caricaturesco, las tramas de los episodios están llenas de giros inesperados cuyo único propósito es adelantarse a la audiencia cuando el guion se vuelve demasiado predecible, y las decisiones de los personajes son, por momentos, contradictorias con lo que está pasando en la pantalla.


La estética y el canon se expanden con esta nueva Sabrina. La serie original que yo veía de niña se limitaba casi completamente a las aventuras de la bruja adolescente en el mundo de los mortales sin entrar a explorar demasiado cómo funcionaba la magia, o de donde venía, o cómo se producía: Sabrina tenía solo que apuntar su dedo y los hechizos salían en chispas. Esta nueva Sabrina se envuelve en la mitología del ocultismo occidental adoptando su estética lo cual añade a la sensación de realismo dentro de lo absurdo: Estas son brujas como podrían existir en un mundo así.


Durante las primeras tres temporadas la serie parece tener un problema de identidad. Por un lado está la parte con la Tía Zelda, la Tía Hilda, la Academia de Magia y las demas entidades supernaturales. Por el otro lado tenemos el drama de la secundaria, los típicos conflictos como el romance, los amigos, el descubrimiento del sexo, etc. Esta dicotomía crea un conflicto de tono: ¿Cuál es el propósito aquí? ¿Un show de preparatoria para adolescentes? ¿Una comedia horror con sangre y entrañas incluidas?


El conflicto sobre el cual giraba la serie original funcionaba porque no había otros conflictos con el mundo de la magia. La serie se enfocaba exclusivamente en las travesuras de Sabrina al usar sus poderes en un contexto donde nadie más los tenía, así como en las vicisitudes de estar atrapada en ese limbo entre la niñez y la adultez llamado adolescencia. En la nueva versión, sin embargo, no solo hay otros personajes con magia, sino que son mucho más interesantes que los personajes mortales. Durante las primeras tres temporadas, me daba casi ira cuando las tramas mágicas se interrumpían para lidiar con los inanes problemas de cuatro niños de dieciséis.


Con la expansión del universo mágico, la importancia de la vida 'normal' de Sabrina pierde su razón de ser. ¿Por qué razón querría Sabrina ir a la preparatoria? ¿Por qué elegiría seguir viviendo en el mundo mortal cuando tiene el poder de la magia de su lado? Por sus amigos y por Harvey, dice la serie, pero la química entre Kiernan Shipka (Sabrina) y Ross Lynch (Harvey) es prácticamente inexistente, su historia de amor no es creíble: Shipka es una fuerza avasalladora de confianza en sí misma y energía, mientras que Harvey parece permanentemente afectado por un dolor de estómago y una perpetua crisis existencial. Sabrina parece ser querer ser menos especial de lo que es, su obsesión por ser 'normal' contrasta con el poder casi ilimitado que le dan los escritores. Particularmente durante las primeras tres temporadas, Theo, Roz y Harvey no parecen tener una razón para existir más allá de recordarnos que Sabrina, al final del día, es una adolescente normal, además de una bruja.


Parece ser que los realizadores de la serie vieron los mismos problemas a la hora del tono inconsistente, razón por la cual poco a poco comenzaron a unir las dos historias, hasta integrarlas casi completamente en la cuarta temporada. Ahora, sin entrar en territorio *spoiler*, al final de la temporada nos encontramos con un universo ficcional integrado, todos los personajes funcionando en la misma onda y luchando para llegar a la misma meta.


Sabrina es una comedia melodramática mezclada con la estética de una película de horror, actuaciones caricaturescas, pero entusiastas, tramas llenas de giros inesperados y dificultades aparentemente imposibles de superar que convenientemente, se resuelven antes del fin del episodio. La serie sabe lo que es: extravagante, dramática, absurda. Pero aún así, no se siente nihilista. A pesar de lo absurdo, a pesar de la sangre y las entrañas, se siente el corazón.


Bajo toda la estética, el tema principal de Sabrina es la familia, sea biológica que creada. El tema principal es el vínculo indestructible que crea el amor entre las personas, aquella gran fuerza única capaz de unir aquello que está separado. Es a través del coraje, la pureza de sus intenciones y su indomable energía que Sabrina logra no solo unir, sino transformar sus dos mundos, convirtiéndolos en algo completamente diferente a lo que eran en un principio. La Sabrina de Kiernan Shipka no está buscando su lugar en el mundo: Lo está tallando por si misma.


Puede ser que la razón por la cual sigo viendo Sabrina a pesar de sus fallas, es que la estética así como la temática me atraen personalmente; desde que tengo memoria me han fascinado las brujas, los demonios, todo lo oculto y supernatural. Es agradable y refrescante, además, ver a un personaje principal cuya más grande fortaleza es trabajar en equipo, contrarrestando la horrenda mentalidad de 'perro come perro' que tantas veces se da por sentada como precursora al éxito.


Cuando se trata de series de este estilo (piensen Charmed, Smallville, Supernatural) la tendencia suele ser hacia la degradación; el mundo interior de los personajes deja de ser importante, se pierde por completo la sinceridad y el cinismo de los realizadores se huele a través de la pantalla. Puede ser que esa sea la razón de mi ambivalencia: ¿Hacia dónde va la historia? La Sabrina original era una comedia episódica, los personajes eran siempre los mismos y su manera de lidiar con los problemas del día era casi siempre igual. La nueva versión de Sabrina, por el contrario, sigue la misma trama a través de varios episodios de cada temporada, sus personajes cambian a medida que el mundo a su alrededor cambia.


Mis dos grandes críticas a Sabrina eran, uno, la inconsistencia en el tono, y dos, la dependencia excesiva en el diálogo para explicar lo que sucede en la pantalla. El problema número uno fue resuelto casi por completo con la última temporada. El segundo no.


Si la serie logra mantener el delicado balance entre la comedia irónica y el desarrollo de los personajes, utilizando lo ridículo, caricaturesco y absurdo sin que el humor dependa completamente de ello, entonces podría no solo ser mejor, sino ser única. Espero también que, así como los problemas de tono fueron resueltos de una manera orgánica y elegante, el diálogo mejorará también, salvando a Sabrina del lúgubre limbo de programas de televisión prometedores que se convierten en memes - Riverdale, Smallville, Supernatural.


Por ahora puedo decir que mi ambivalencia tiende más hacia lo positivo. Pero si Sabrina culminará en una historia cohesiva y satisfactoria, o si terminará en el basurero de la cultura popular, está por verse.




Nota: ¿Mencioné que amo a Kiernan Shipka? La amo.

Nota 2: Vale la pena ver Sabrina solo por el vestuario.

Nota 3: La Tia Zelda es mi animal espiritual.



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