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¿Para qué leer?





¿Para qué sirve leer? Es una pregunta que me he hecho muchas veces. Para mí, leer, la lectura, ha sido de todo: Un refugio, una manera de escapar, una manera de comunicarme, una identidad.


Recuerdo cuando tenía unos trece o catorce años y un amigo de mi primo Mateo vino a mi casa. No a verme a mí, a los catorce yo era absolutamente invisible para los hombres de mi 'rango de edad'- creo que venía a ver a mi mamá para entregarle algo. No recuerdo que, y no era importante, el hecho es que yo estaba agazapada en la cocina mirando a este, creía yo en el momento, magnífico ejemplar del género masculino que hablaba animadamente con mi madre antes de salir de la casa. Yo quieta, callada como un ratón, pero sin quitarle los ojos de encima, él ignorándome y haciendo todo el show del muchacho de 17 años, maduro, serio y emprendedor.


Fue entonces, justo antes de salir de la casa, cuando ya estaba despidiéndose de mi mamá que sus ojos se posaron inesperadamente en mi. Se me subió el corazón a la boca.


-¿Tú eres la lectora, no? -Me dijo, y su sonrisa de medio lado hizo que me empezaran a sudar las manos.


Mi mamá salió a mi rescate.


-Sí. Ella es la lectora.


Fue la primera vez que se me ocurrió que lo que yo hacía era algo especial. Que la mayoría de la gente no ve la hora de meter la nariz dentro de las páginas de un libro. Que era extraño ver a una niña de trece o catorce años leyendo una novela gruesa en lugar de... ¿Qué hacen las niñas de catorce años normalmente? No sé. Tal vez es estúpido pensar que hay algo que hacen todas las niñas, o que hay comportamientos normales o anormales, visto que cada persona es un individuo único, sea niño o niña, de catorce o de veintidós. Pero el caso es que por primera vez en mi vida me hice la pregunta. ¿Por qué leo? ¿Para qué sirve leer?


Mi relación con los libros y con la lectura ha sido de amor y odio. Durante un tiempo quise alejarme a toda cosa de esa identidad de lectora que me habían puesto encima, quise sacudirme todos los estereotipos que venían acompañados de esa palabra: ñoña, tímida, estudiosa, juiciosa, tranquila. ¡No! Yo quería ser la rocker, la metalera, la mamasita, la estilosa, la divertida, la feliz. Me ofuscaba y me daba rabia la gente que decidía que me conocía solo por que me gustaba leer. Así que lo abandoné. Por completo. ¿Libros? A kilómetros. La literatura no sirve para nada.


Poco a poco mientras ensayaba otras identidades y formas de ser, me di cuenta de que cualquiera de estos 'disfraces' eran solo eso, disfraces, máscaras que yo me ponía por que, al no saber quién era 'yo', debía ser alguien más. Alguien fuerte. Alguien capaz de protegerse a sí misma. Me cansé de esas identidades prestadas también.


Poco a poco, sin proponérmelo, los libros volvieron a mi vida. Ya sin tanta ansiedad de encontrar entre las letras y las palabras una respuesta a las preguntas que me quitaban el sueño, me fue posible recordar por qué había empezado a devorar libros en un principio.


Primero que todo, son una excelente forma de entretenimiento activo. Sí, es verdad que puede ser más difícil entrar en la corriente de una novela que de una película o una serie, pero yo encuentro que una vez mis ondas cerebrales se acoplan a aquellas del libro, se entra en un estado de meditación en el que la mente está concentrada, pero no atrapada sobre los pensamientos.


Al leer se vuelve más fácil desprenderse de la realidad y empezar a entenderla como una serie de cosas que suceden y no como una constante afronta personal.


Hay libros para todo y para todos. Si eres el tipo de persona a la que le gustan los resultados y odia las vaguedades, una novela histórica se podría convertir en tu mejor amiga. Si buscas escapar de la cotidianidad, un libro de fantasía para adultos puede ayudarte a olvidar la realidad por un poquito, llenarte de vida y alistarte para recibir lo que sea que venga después en el mundo real.


Si aprecias las buenas mentes sacando conclusiones sobre la vida, los ensayos y los libros de no ficción pueden poner en movimiento los engranajes de tu mente, y he ahí el gran secreto de la lectura: Persistencia. Para los que son lo suficientemente valientes y pacientes como para sumergirse realmente en las páginas de un libro, la recompensa es enorme. Los libros alimentan la mente y el alma como ninguna otra fuente de entretenimiento. Son el medio perfecto para estar completamente dentro de la cabeza de alguien más, y al mismo tiempo estar afuera. De ser el observado y el observador.


Antes de terminar, la última cosa. Cuando era más chiquita pensaba que ser un buen lector quería decir leer solo los clásicos y los genios literarios. Me daba vergüenza admitir que me había devorado Crepúsculo y que me había aburrido muchísimo con Stendhal. Ahora no. Ahora entiendo que los libros y su contenido son de mi y para mi, y si alguien quiere juzgarme por mis gustos, no interesa, por que ya no me juzgo a mi misma.


Ahora, por ejemplo, me acabo de empezar un nuevo libro de fantasía. Se llama Sufficiently Advanced Magic, de Andrew Rowe.


¿Ustedes, que se están leyendo? ¿Qué les gusta leer? ¿Les gusta leer?


Mucha buena onda, L.G.L


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