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Persistencia





Buenos días, Gatitos.


Hoy quiero hablar sobre la persistencia. Sobre lo difícil que es ser constante con algo. Sobre lo complicado que es trabajar en algo creativo y llevarlo adelante cuando en la vida hay tantas, mil cosas que nos piden atención cada treinta segundos.


Me pregunto cómo hacer para no tener que 'perseguir a mi mente', sino tenerla aquí, conmigo, dentro de mi, trabajando a través de mis dedos y no un paso adelante en el mundo astral, tratando de adivinar cuál será el próximo paso de todos y todo aquí en la tierra.


Permítanme que me explique un poco mejor: En occidente (¿debería ponerle O mayúscula?) nos enseñaron desde chiquitos la famosa frase de René Descartes: Pienso, luego existo. No respiro luego existo, no siento luego existo: Pienso. Mi razón, mi cabeza, es lo que me hace 'ser'. Ahora, con todo respeto a Descartes, o bueno, tal vez no tanto, me parece que sería más adecuado decir cago luego existo. Nunca es la existencia menos etérea y abstracta que cuando estamos constipados.


Pero, me van a preguntar ustedes, ¿qué carájos tiene esto que ver con la persistencia? Mucho. Mucho, diría yo. Estamos acostumbrados a perseguir la luz de la razón como si fuera algo separado del resto de nosotros. Yo misma, mientras escribo estas palabras, tengo que bajar el ritmo y obligar a mi mente a ir al ritmo de mis dedos. De lo contrario la mente comienza a vomitar palabras al aire, ideas incompletas, abortos de pensamientos que no se materializan en negro sobre blanco porque mis dedos, mi cuerpo, vuelve a sentir, una vez más, que no puede con el ritmo de la mente.


La mente se va y desvaría, y mientras tanto nosotros estamos aquí, prisioneros de nuestra búsqueda, corremos en círculos, volvemos siempre a las mismas partes.


El secreto de la persistencia es, creo yo, no pensar tanto. Lo que tenemos dentro, aquellos temas que nos intrigan no viven en la cabeza. Viven entre los intestinos, en el estómago, entre las olas sangrientas del corazón.


La razón, la mente, son solo herramientas que debemos poner al servicio de eso, aquella cosa indescriptible que nos mueve a pensar en el primer lugar. No estoy hablando solo de academia, tampoco, o de bellas artes. Pregúntenle a cualquier atleta de alto rendimiento, y todos dirán lo mismo: Prepararse mentalmente es tan importante como prepararse físicamente.


No es 'pienso luego existo'. Es 'existo, luego existo'.




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