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Personas Porcinas. Capítulo 5.



Esperé hasta escuchar la puerta que se cerraba detrás de Almudena y me volví de nuevo hacia el periscopio. La figura se acercaba, elegante a la luz del alba. Su piel era aterciopelada, sus movimientos relajados. Demasiado lejos para una conclusión definitiva, pero estaba 76% segura de que este no era un humano… al menos no al 100%.

Almudena habló a través del comunicador.

  • W.A en proceso. Halcones en el nido. T.L en -5.

La evacuación de los niños y ancianos estaba en proceso, los francotiradores subterráneos estaban listos a disparar a la figura antes de que pudiera acercarse. El consejo había sido avisado, y estaban por hermetizar las salidas.

Dentro del Galpón los humanos de la estructura organizados en filas y armados hasta los dientes esperaban órdenes. La luz roja de emergencia había sido activada.

Caminé entre las filas de cadetes y me dirigí al centro de comando. El Jefe ya estaba ahí, rodeado de los miembros del consejo. A través de la masa de cuerpos, en la esquina, vi a Izabella.

  • Ada, querida. -El bajo profundo de su voz funcionaba como un hechizo sobre mi; me dirigí hacia él sin una sola mirada a nadie más.

Se levantó de su silla y poniendo su mano sobre mis hombros dirigió mi atención hacia el monitor, donde ahora se perfilaba claramente la figura felina, que había dejado de caminar y, extrañamente, sonreía, sus almendrados ojos ámbar refulgiendo a la luz del recién nacido sol.

  • No he dado la orden aún.

  • Has hecho bien, Padre. Si los ojos no me engañan, ese es un Kitar.

Kitars. Felino y humano. En este valiente nuevo mundo las lineas entre especies se borraban cada día más, y en ninguna criatura eran las líneas entre persona y animal tan naturales, tan perfectas, como en el Kitar.

Se dice que antes de la Guerra, los científicos de Northrop estaban experimentando con híbridos entre humano y animal. No estaban solo creando criaturas de carne, estaban experimentando con soldados, inyectándoles ADN de otras criaturas para hacerlos ver en la oscuridad, aumentar su habilidad física, su resistencia a los elementos.


El Kitar allá afuera comenzaba a dar señas de aburrimiento. La Estructura era completamente subterránea, los campos a su alrededor pantanos llenos de trampas y falsos suelos, no el tipo de terreno que un desconocido pudiese atravesar sin sufrir serios daños a su persona, o ser devorado por uno de los antiquísimos cocodrilos gigantes que en él moraban; cocodrilos que seguían siendo los mismos del mundo viejo, puesto que aquellos gigantes reptiles habían ya alcanzado la perfección. En fin, nadie llegaba a los confines de la fortaleza humana sin una razón muy específica… y una gran capacidad de supervivencia.

El Kitar se había detenido justo antes del primer radio, el límite después del cual la orden vigente era disparar primero y hablar después.

Plácido como un gatito, la majestuosa criatura estiró su cuerpo apoyándose en sus extremidades delanteras y procedió a hacerse un ovillo, sus brillantes ojos puestos fijos sobre el periscopio de observación, como si supiera exactamente donde se encontraba.

  • Quiere hablar, padre. -La voz era de Izabella

  • No sería extraño. Humanos y Kitars han hecho alianzas en el pasado.-Dijo Huan-Li, uno de los consejeros del Jefe.

  • Alianzas cortas y amargas, que suelen terminar con humanos degollados.-Dijo Leio, otro de los miembros del Consejo.

El Jefe ponderó unos momentos.

  • Un Kitar no llega en vano a los confines de la Estructura.

Se volvió hacia mi y mi estómago se volvió de hierro.

  • Ada. Vas a salir en incógnito. Quiero que me traigas toda la información posible. Quiero saber si hay más o si está solo. Quiero saber si está armado, si está herido y sobre todo que pretende hacer. Equipo mínimo. Esta es una operación de Reconocimiento. No te acerques al Kitar. No harás contacto. ¿Entendido?

Asentí. Entendido.



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