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Peter Pan

—! No se saldrá con la suya, Capitán Garfio!,


Grité saltando de mi silla, mi corazón latiendo a mil por hora contra mis costillas, pero mi sombrero verde con su pluma roja me daba coraje, yo era Peter Pan, y el malvado Capitán Garfio no se iba a salir con la suya.


La rabia se apoderó de mi cuerpo de cuatro años y me hizo alzar mi puño contra el más cruento de los villanos.


Lo que no me esperaba, era que me respondiera. El corazón me dio un vuelco cuando, parada sobre mi silla en la parte de atrás del teatro sentí sus ojos primero que escuchar su voz.


—¿Ah si? —Su voz retumbó contra las paredes, sus ojos sobre los míos, su brillante garfio apuntado en dirección a mí, y después la risa estridente y vil, de quien sabe tener el poder de parte suya.


Me asusté, pero por fortuna estaba mi papá al lado, y además, yo sabía que era solo cuestión de tiempo hasta que llegara Peter Pan con los Niños Perdidos a poner al pérfido Garfio en su lugar. Estaba asustada, pero no preocupada. Si una cosa me enseñaron las películas de Disney, es que el bueno gana siempre. Y si no ha ganado, es porque no es el final.


Esta es la parte donde reflexiono desde mi adultez sobre la dicotomía del bien y del mal. Tal vez podría hablar de como Garfio seguramente tenía sus traumas, de como Peter le dio de comer su mano a un cocodrilo, de cómo él también tiene un corazón que llora y un alma que duele.


El mal no existe, existen solo las personas. Pero las personas pueden ser malas. ¿O no?


Malas y buenas, buenas y malas. El viejo cliché. ¿A qué lobo le das de comer?


En El Vizconde Demediado de Italo Calvino, la historia del Vizconde dividido en dos - una parte toda buena, y la otra toda mala, se dice que la parte buena es peor que la mala. Peter mismo no es un niño bueno. No se queda callado cuando hablan los grandes, no dice por favor y gracias.


¿Qué quiere decir ser bueno?


¿Es ser dulce, apacible y sumiso? ¿Es ser rebelde y fiel a uno mismo por encima de todas las cosas? ¿Es proteger a los que amas, y ser fuerte?


Me parece que la definición de “bueno” o “buena” cambia de acuerdo a la persona, de acuerdo al contexto.


Ser bueno implica ser vulnerable. Es abrirse a la posibilidad de que se aprovechen de tu empatía. Ser bueno es la opción de los valientes. Más fácil es crearse un traje de púas, y lanzarlas preventivamente contra todo aquel que se nos acerque demasiado.


Pensamos que estamos haciendo el bien, y no hacemos más que hacer girar la rueda de la tristeza.


Ahora que soy grande, tendría más cuidado antes de desafiar a un hombre con un garfio en la mano. Llámalo sabiduría, o miedo, o cualquiera de las dos. Pero ahora que soy una niña grande, me dedico a observar. Quitar los velos de conocimiento y ver las cosas como son, para poder entonces volverme hacia adentro, y preguntarle a la niña vestida de Peter Pan dentro de mí: ¿Entonces, princesa? ¿Cuál es el camino correcto?


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